En muchas áreas de instalaciones fotovoltaicas, la refrigeración del aire es mayor que la del agua porque es menos complicada, implica un menor riesgo de daños y se puede realizar de forma más rentable. Esto incluye la refrigeración de componentes electrónicos, como los inversores, que convierten la corriente directa generada en sistemas fotovoltaicos a gran escala en corriente alterna. Con este objetivo, los operadores de parques solares confían en una refrigeración activa del aire, por ejemplo con ventiladores, que se pueda controlar de forma precisa para que el funcionamiento se regule dependiendo de la demanda y, al mismo tiempo, sea seguro y económico.